Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Números 6,22-27    Salmo 67 (66)    Gálatas 4,4-7     Lucas 2,16-21

Con el ¡Feliz año! que la gran mayoría de los colombianos hemos expresado en la noche anterior, hemos terminado el 2022 y hemos iniciado el 2023. Me pregunto y les pregunto a Ustedes que me acompañan en esta primera eucaristía del año civil, si al expresar el feliz año sabemos realmente lo que  estamos deseando. Seguramente han sido testigos de la cantidad de prácticas supersticiosas que acompañan el final y el comienzo del nuevo año. Estarán de acuerdo conmigo en que muchas personas dado el nivel de celebración y de alicoramiento, todavía no son conscientes de que hemos iniciado un nuevo año, y aún siguen sentados esperando que sus sueños y los buenos deseos se hagan realidad. 

En esta primera eucaristía del año 2023, la  palabra de Dios  nos da a conocer un sinnúmero de mensajes realmente hermosos e iluminadores.  Es bajo el signo de la bendición de Dios que empezamos este año: " El Señor te bendiga y te guarde" ( Nm 6,24). No hay nada mejor que pueda suceder en este año que sentir el favor del Señor: "El Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor" (Nm 6,25). No habrá bendición más grande en el nuevo año que poder descubrir a Dios en todos los acontecimientos que se vivirán, sintiendo su cercanía que nos transforma y salva: "el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz"  (Nm 6,26). Por eso no hay que ser adivino para afianzar nuestra fe y confianza en Dios que en Jesucristo nos trae toda clase de bendiciones porque es un Padre bueno que colma de dones  y regalos a sus hijos: "De suerte que ya no eres siervo sino hijo, y como hijo, también heredero por gracia de Dios" (Ga 4,7)

La clave para vivir intensamente este año de la misericordia la presenta el evangelio que hemos leído hoy a partir de dos figuras: los pastores y María. En primer lugar la actitud obediente y atenta de los pastores, nos recuerda que Dios continuamente nos estará mostrando el camino cuando nos invita a seguirle. Como los pastores después de haber adorado al niño: "Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído correspondía a cuanto les habían dicho" (Lc 2,20), también nosotros podemos alabar y glorificar a Dios con nuestra vida, con nuestras acciones, con nuestro testimonio de fe.

La segunda figura  resalta de manera especial a la Santísima Virgen María Madre de Dios. María tiene  esa capacidad de ver todos los acontecimientos que se le presentan descubriendo en cada uno de ellos la acción salvadora, misericordiosa y fiel de Dios: "María, por su parte, guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón" (Lc 2,19). La cercanía y profunda relación con Dios le permiten a María reconocer que todo lo acontecido no es azar del destino, ni fruto de fuerzas ocultas y poderosas; al contrario, todo es acción salvadora de Dios, todo hace parte del proyecto salvador y redentor del Padre bueno. La Virgen Madre no actúa con imprudencia, inseguridad, desconfianza o necedad,  ella recoge en su ser la experiencia del Dios bondadoso y fiel, cumplidor de sus promesas;  por eso María cumple en todo la voluntad de Dios, sabe que su vida está en las manos del Padre  y en silencio  guarda todo en su corazón.

Que en este año de misericordia y reconciliación tengamos la mirada fija en Jesucristo, como los pastores, como María y José. Que hoy, al salir de ésta Eucaristía nuestros deseos de feliz año sean los mismos que hemos recibido a través de la Palabra de Dios. Vayamos a casa con la alegría de haber puesto en manos del Señor este nuevo año y digamos a nuestros seres queridos, a los vecinos  y a los más cercanos: " El Señor te bendiga y te guarde" "El Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor" "el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz" .